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Por qué montamos un estudio de software en el Pirineo

Publicado 15 feb 20214 min de lectura
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Por qué montamos un estudio de software en el Pirineo

Ideas clave

  • Maladeta Studio se formalizó en febrero de 2021, un año después de GuidAran, la app turística del Valle de Arán que fue su semilla.
  • Tener la base en un valle rural en vez de una gran ciudad es una renuncia deliberada: menos talento local, pero mucho más conocimiento de los problemas que resolvemos.
  • Desde el principio, el plan era combinar proyectos a medida con, más adelante, productos propios, aunque en 2021 solo teníamos lo primero.

En febrero de 2021 hice oficial algo que ya llevaba más de un año siendo cierto: había dejado de ser alguien que programaba cosas por su cuenta para convertirme en alguien que dirigía un estudio. Maladeta Studio empezó como un nombre puesto a un trabajo que ya existía, y se convirtió en algo con una identidad más clara: creamos software a medida multiplataforma para solucionar problemas reales, con base en el Valle de Arán, en el Pirineo catalán. Esta entrada trata sobre por qué esa decisión tenía sentido: el momento, el lugar, y lo que sabíamos —y lo que no— cuando empezamos.

1. Por qué aquí, por qué ahora

La parte del 'por qué ahora' es fácil de responder con honestidad: no fue un momento concreto. En diciembre de 2019 había creado GuidAran, una app guía turística del Valle de Arán, como proyecto freelance: sin estudio, sin equipo, solo yo intentando resolver un problema concreto para un lugar concreto. Ese proyecto es la prehistoria de Maladeta Studio: me enseñó que aquí había demanda real de software a medida, hecho por alguien que entendiera el valle y no por una plantilla genérica. A principios de 2021, ese patrón se había repetido lo suficiente como para que ponerle nombre y estructura dejara de ser opcional.

La parte del 'por qué aquí' es menos obvia, y es la que todavía me sigo planteando. El Valle de Arán no es un polo tecnológico. Es un valle de unos diez mil habitantes, cerrado por montañas por tres lados, donde se habla aranés junto al catalán y al castellano, y donde la ciudad grande más cercana está a un par de horas en coche —más en invierno, cuando los puertos se complican—. Nadie monta una empresa de software aquí por defecto. Nosotros lo hicimos a propósito.

2. Apostar por un valle

Tener la base en el Valle de Arán en lugar de en Barcelona o Madrid es una renuncia, y prefiero ser honesto en lugar de venderlo como una elección de estilo de vida sin coste. La bolsa de talento local es pequeña: si necesitamos contratar, o convencemos a alguien de mudarse aquí, o construimos relaciones que funcionen bien en remoto. El trato con clientes a menudo significa coger el coche, no ir andando a un café. Y cuando le cuentas a alguien de fuera a qué te dedicas, los primeros cinco minutos se van explicando dónde está exactamente el Valle de Arán.

Nada de eso pesó más que las razones para quedarnos. Nuestros clientes tampoco están en el valle, en su mayoría: el trabajo es remoto por naturaleza, así que la ubicación de la oficina no cambia cómo entregamos el software. Lo que sí cambia es lo que entendemos. La movilidad en espacios naturales, el turismo sostenible, la gestión meteorológica en terreno de montaña, la gestión de residuos en lugares sin fácil acceso a infraestructura: son problemas que vemos a diario porque vivimos dentro de ellos, no problemas que tendríamos que investigar desde una ciudad. Eso vale más para nosotros que estar a cinco minutos de una bolsa de talento más grande.

3. Productos y proyectos, desde el primer día

Algo que tuve claro pronto es que Maladeta Studio necesitaría acabar siendo dos cosas, no una. La mayor parte del trabajo al principio es lo que llamamos proyectos: software a medida hecho para otro, según su encargo, resolviendo su problema. Es el modelo de GuidAran, a mayor escala, y es lo que paga las facturas mientras el estudio es pequeño. Pero los proyectos solos no construyen algo propio. Así que desde el principio el plan también era construir productos: software que fuera nuestro, que pudiéramos mejorar a nuestro ritmo y no al de un cliente, y que pudiera sobrevivir a cualquier contrato concreto.

Todavía no tenemos un producto. Lo que tenemos es una dirección: cuatro áreas en las que seguimos encontrando problemas interesantes que merece la pena resolver por nuestra cuenta.

  • Movilidad en espacios naturales
  • Gestión de residuos
  • Turismo sostenible
  • Gestión meteorológica en entornos de montaña

Cada una de ellas es un problema con el que ya nos hemos cruzado haciendo proyectos, y cada una es lo bastante específica del tipo de lugar en el que trabajamos como para que una herramienta genérica de catálogo normalmente no encaje bien. Ese es el hueco que creemos que podemos llenar, con el tiempo, con algo propio.

4. Lo que sabíamos y lo que no

Lo que sabíamos: que había demanda sin cubrir de software hecho por gente que entendiera el contexto local, que trabajar en remoto por defecto significaba que la ubicación no tenía por qué limitar para quién podíamos trabajar, y que un estudio con nombre y estructura real podía asumir proyectos más grandes y más largos que un freelance cogiendo encargos sueltos.

Lo que no sabíamos, y todavía no sabemos: si podemos llegar a construir un producto que compita por sí solo, sin que un cliente pague la factura primero. Esa es la pregunta abierta. GuidAran demostró que la demanda existe. Todavía no ha demostrado que podamos construir algo que se sostenga solo, sin que alguien nos contrate antes para construirlo.

De momento, está bien así. Los proyectos financian el margen de maniobra para averiguarlo. Pero quería dejarlo escrito mientras la fundación todavía está reciente, antes de que la retrospectiva reescriba por qué lo hicimos realmente: empezamos aquí, en el Valle de Arán, porque los problemas que merecía la pena resolver ya estaban a nuestro alrededor, y porque hacer bien software a medida nos pareció más importante que hacerlo en un sitio cómodo.