Hace un año, a principios de 2021, abrimos Maladeta Studio en el Valle de Arán, un valle de los Pirineos catalanes donde es tan probable oír aranés por la calle como castellano o catalán. No es precisamente el primer sitio que a alguien se le ocurre cuando piensa en una empresa de software. Doce meses después, antes de que la historia de este año se convierta en la versión más cómoda de contar más adelante, quería dejar por escrito qué ha pasado de verdad, qué nos ha sorprendido y qué me diría a mí mismo si pudiera volver a enero.
1. Lo que esperábamos frente a lo que pasó
Esperaba que el primer año fuera lento: unos pocos contratos pequeños mientras nos hacíamos un nombre y, con suerte, algo más grande después. Más o menos fue así, salvo que esos 'contratos pequeños' resultaron más interesantes y más exigentes de lo que había previsto. Hicimos aplicaciones turísticas al estilo GuidAran, trabajamos en infraestructura cívica como sistemas de gestión de aparcamiento, y sacamos adelante JoRecicli, una herramienta de gestión de residuos para ayuntamientos. Nada de eso era glamuroso, pero todo nos obligó a dominar la parte menos vistosa del software: procesos de contratación pública, migraciones de datos desde la hoja de cálculo o el sistema heredado que usara cada ayuntamiento, y un soporte que tiene que funcionar cuando quien te llama no tiene ni idea de tecnología.
Lo que no esperaba era empezar tan pronto con un producto propio. NaturPark, nuestro software de gestión de espacios naturales, nació de una conversación de pasillo sobre un problema que nos encontrábamos una y otra vez en proyectos de cliente, y para final de año ya era algo que estábamos construyendo para nosotros mismos, no para el pliego de nadie. No creo que lo hubiéramos empezado tan pronto en una ciudad grande, aunque solo fuera porque habría más trabajo facturable compitiendo por las mismas horas.
2. El trade-off de ser rural, sin adornos
La versión honesta de trabajar desde el Valle de Arán en vez de Barcelona o Madrid es que es un intercambio, no un regalo. Aquí la bolsa de talento es pequeña — no hay un excedente local de ingenieros de backend esperando trabajo, y lo sabemos. Lo que ganamos a cambio son otras palancas: el coste de vida es más bajo, la calidad de vida es genuinamente distinta, y eso cambia qué tipo de empresa nos podemos permitir ser mientras somos pequeños.
- La mayoría de nuestros clientes trabajan en remoto por necesidad — el Valle de Arán nunca iba a ser un sitio que visitaran cada semana, y eso ha resultado ser mucho menos un problema de lo que temía al principio.
- Los clientes donde sí importa la presencia física — ayuntamientos, autoridades de aparcamiento, administraciones de parques naturales — son precisamente aquellos donde ser locales en vez de un proveedor sin cara desde la capital nos ha dado ventaja. La confianza se construye más rápido cuando puedes aparecer en persona.
- La parte poco glamurosa de llevar una empresa pequeña en España no entiende de dónde estás: el papeleo de subvenciones como el Kit Digital, el cumplimiento normativo, el peso administrativo de ser pyme, nos cae igual que le caería a un estudio en cualquier ciudad.
3. Qué viene ahora
De cara al segundo año, el plan es seguir haciendo proyectos a medida — es lo que paga las facturas y lo que nos mantiene honestos sobre lo que de verdad necesitan los usuarios reales — mientras dejamos que NaturPark crezca hacia un producto con hoja de ruta propia. En algún punto del trabajo de cliente de este año, los datos meteorológicos aparecieron una y otra vez como un problema que nadie había resuelto bien: para parques, para rutas, para cualquiera cuyos planes dependan de las condiciones en la montaña. Todavía no estamos construyendo nada alrededor de eso, pero es el tipo de problema al que seguimos volviendo, y sospecho que no se quedará como nota al margen mucho más tiempo.
Un año no es suficiente para saber si apostar por un estudio de tecnología rural y remoto ha sido la decisión correcta — sí es suficiente para saber que no ha sido la equivocada. La pregunta abierta para el año dos es si podemos hacer crecer el equipo sin dejar de ser, en el fondo, la razón por la que empezamos aquí.
